Medir el proceso real
Vamos a la oficina y a la planta, cronometramos y revisamos ficheros, programas y autómatas. Resultado: el mapa del proceso y dónde se pierde el tiempo.
Partes de producción que se pasan a mano, pedidos que se copian de un correo al ERP, informes que alguien monta cada lunes. Medimos su proceso real, localizamos los pasos manuales que le cuestan tiempo y errores, los automatizamos y medimos el ahorro. Primero el diagnóstico con datos, después la inversión.
Copiar datos entre programas, rellenar partes y preparar informes ocupa el tiempo de personas que deberían dedicarse a otra cosa.
Cada dato que se teclea a mano puede llegar mal. El error aparece después, en una factura, en un envío o en el stock.
Si quien sabe cómo se hace no está, el proceso se para. Lo que no está escrito ni automatizado no es de la empresa.
Comprar una herramienta antes de entender el proceso suele automatizar el desorden. Hace falta el mapa antes que la solución.
Seguimos el mismo método en la oficina y en la planta: medir el proceso real, encontrar los pasos manuales, automatizarlos y medir el ahorro.
Observamos el proceso como ocurre hoy, medimos tiempos y esperas y hablamos con quien lo ejecuta. Incluye la planta: tiempos de ciclo, microparadas y rechazos.
Un mapa del proceso que señala dónde se teclea, se copia o se espera, y cuánto le cuesta cada paso.
Cambios en el proceso antes de automatizar, para no automatizar pasos que sobran, ordenados por el ahorro esperado.
Integraciones entre sistemas, flujos automáticos, RPA cuando no hay otra vía y agentes de IA donde hay criterio repetible, con supervisión humana en lo que la necesita.
Partes de producción, informes, pedidos, albaranes y avisos de mantenimiento creados a partir de los datos, sin teclear.
Un cuadro de mando con los mismos indicadores del diagnóstico para comprobar el resultado. Si el número no sale, se lo decimos antes de facturar.
No vendemos transformación digital: medimos, mejoramos, automatizamos y demostramos el ahorro.
Vamos a la oficina y a la planta, cronometramos y revisamos ficheros, programas y autómatas. Resultado: el mapa del proceso y dónde se pierde el tiempo.
Identificamos cada paso que hoy depende de alguien que teclea, copia o revisa, y estimamos lo que cuesta.
Sustituimos cada paso manual por la herramienta que encaje: integración, flujo automático, RPA o agente de IA.
Comparamos el antes y el después con los mismos indicadores y ajustamos sobre lo que diga el dato.
Elegimos la herramienta por el proceso, no al revés, y la conectamos con los sistemas que ya usa.
Los que se repiten y siguen reglas: pasar pedidos del correo al ERP, generar partes de producción, preparar informes, emitir albaranes, avisar de una incidencia o mover datos entre programas. Las decisiones que requieren criterio humano se quedan con supervisión.
Porque automatizar un proceso mal planteado solo hace más rápido el error. El análisis muestra qué pasos sobran, cuáles conviene mejorar y cuáles merece la pena automatizar, con una estimación del ahorro de cada uno.
Una integración conecta dos sistemas por su API, su base de datos o ficheros, y es la opción más estable. La RPA imita a una persona que usa la pantalla y la reservamos para cuando no hay otra vía. Un agente de IA interpreta textos o documentos en tareas con criterio repetible, como clasificar un correo o preparar una oferta.
Con los mismos indicadores en el diagnóstico y después de automatizar: tiempo dedicado a cada tarea, errores, esperas y, en planta, disponibilidad o rechazos. Cada proyecto se cierra con su propio cuadro de mando.
Sí. Además de los procesos de oficina, medimos tiempos de ciclo, microparadas y rechazos, conectamos máquinas y autómatas y automatizamos los registros que hoy se hacen a mano en la línea.
Conectamos ERP, MES, CRM y planta para que los datos circulen solos: las órdenes bajan a la línea y la producción y los consumos suben. Del PLC Siemens, Beckhoff u Omron a SAP, Odoo o Salesforce.
Agentes que trabajan sobre su documentación, su catálogo y su histórico: responden, preparan ofertas, abren incidencias y alimentan su ERP o su CRM. En la nube o en sus servidores.
Aplicaciones web a la medida de su pyme: pedidos, presupuestos, stock, producción y portales de cliente en un solo sitio, conectados con su ERP. Sin licencias por usuario y con el código para usted.
Cuéntenos qué proceso quiere mejorar. La primera reunión de análisis no tiene coste y le respondemos en menos de 24 horas laborables. Nos desplazamos a planta a cualquier punto de España y desarrollamos software para clientes de todo el mundo.